Esta sesión fue más conceptual pero muy necesaria para ordenar todo lo trabajado hasta ese punto. La distinción central fue entre problema y conflicto. Un problema tiene solución técnica: se descompone en pasos, se aplica una metodología y se resuelve. Un conflicto tiene capas simbólicas que lo hacen más complejo: emociones, percepciones subjetivas, relaciones de poder y contextos históricos que no siempre son visibles a primera vista. Por eso intentar resolver un conflicto como si fuera un problema técnico casi nunca funciona.
Se introdujeron herramientas para analizar la estructura del conflicto: identificar actores directos e indirectos, distinguir entre los intereses que se declaran y los que realmente están en juego, reconocer las emociones presentes y entender el contexto en que todo ocurre. Un conflicto entre dos estudiantes puede parecer personal pero muchas veces tiene raíces en dinámicas de exclusión o desigualdad que vienen de mucho antes y van más allá de los dos involucrados.
Lo que me quedó: actuar rápido en un conflicto sin tomarse el tiempo de entenderlo es como operar sin diagnóstico. Y algo que se repitió en clase y me quedó sonando: una mediación mal ejecutada no deja las cosas igual, las empeora.
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