Esta clase continuó trabajando el Mito de Paris pero llevándolo a un nivel más concreto: ¿qué significa ser un buen mediador y qué lo arruina? Se reflexionó sobre cómo en el aula los docentes enfrentamos constantemente situaciones donde debemos tomar decisiones sobre conflictos en los que, queramos o no, ya tenemos una posición previa. La experiencia propia como estudiantes, los afectos hacia ciertos estudiantes, el cansancio del día — todo eso influye en cómo leemos y resolvemos lo que vemos.
Se conectó esto con el Modelo Harvard que se venía introduciendo: la importancia de usar criterios objetivos y transparentes para tomar decisiones, en lugar de basarlas en posiciones personales o en quién nos cae mejor. El modelo propone separar a las personas del problema precisamente para poder ver el conflicto con más claridad, sin que las emociones hacia los involucrados distorsionen el análisis.
Lo que me quedó: reconocer que soy un sujeto con historia, con sesgos y con emociones no me incapacita para mediar, pero sí me obliga a hacer ese reconocimiento antes de actuar. La pregunta que me queda es si es posible desarrollar esa conciencia en el calor del momento o si siempre necesita una pausa previa.
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