martes, 17 de marzo de 2026

Clase No 5 4/03/ 2026 — Clase virtual sincrónica

 Esta sesión fue virtual a través de Moodle. Empezó con la revisión colectiva de relatorías, lo que sirvió para hacer un recuento de los temas del curso hasta ese punto y notar cómo se van conectando entre sí: roles, memoria, simbolismo, identidad, mitos.

El tema central fue la tecnología y su relación con la convivencia, especialmente a partir de la experiencia de la pandemia. Se reflexionó sobre lo que dejó en quienes hoy están en la universidad: la virtualidad obligada durante años de formación clave generó aislamiento, pérdida de memoria colectiva (porque muchas experiencias que deberían haberse vivido juntos se vivieron solos frente a una pantalla) y sobreestimulación constante. La ilusión de estar conectado mientras en realidad se está profundamente solo.

Se planteó que la virtualidad tiende a homogeneizar: cuando todo pasa por pantalla, las diferencias se aplanan y es más fácil hablar solo con quienes piensan igual. La presencialidad, en cambio, obliga al encuentro con la diferencia, con el conflicto cara a cara, con el aprendizaje que ocurre precisamente en la incomodidad de no entenderse de inmediato. Eso que parecía un obstáculo es en realidad parte del proceso formativo.

Apareció también la relación entre lenguaje y realidad: lo que no podemos nombrar no existe para nosotros. Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. La escuela a veces funciona como una institución 'procustiana': en lugar de ampliar el lenguaje y con él la capacidad de entender el mundo, recorta lo que no encaja en el molde.

Al cierre el profesor mostró el video de Another Brick in the Wall de Pink Floyd, que quedó como detonante para el ejercicio de la semana siguiente y que conecta todo lo que se ha discutido sobre sistemas que uniforman, identidades que resisten y conflictos que no se nombran pero que existen.

Lo que yo me llevo

Esta clase me pegó de una manera particular porque yo soy parte de la generación que vivió la pandemia en un momento clave de su formación. Y reconozco en mí algunas de las cosas que se describieron: la facilidad para relacionarme con personas que piensan parecido a mí, la incomodidad con los silencios incómodos que en la virtualidad simplemente se evitan cerrando la cámara, la sensación de que estar conectado es lo mismo que estar presente.

Lo de los límites del lenguaje me resultó especialmente potente para pensar en diseño. Cuando diseñamos algo para un usuario que vive en un contexto muy diferente al nuestro, ¿tenemos el vocabulario para entender lo que necesita? ¿O estamos diseñando desde nuestro propio mundo de significados y asumiendo que es universal?

El video de Pink Floyd lo conocía, pero verlo dentro del contexto del curso le dio una capa que antes no tenía. No es solo una crítica al sistema educativo: es una descripción de lo que pasa cuando una institución prioriza la uniformidad sobre la persona.

¿La virtualidad nos hizo mejores o peores para convivir con quienes piensan diferente a nosotros?

 ¿Cuándo fue la última vez que aprendí algo importante precisamente porque me sentí incómodo en una conversación?


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